Un Cuento Sobre Caballos y Sus Dueños
"Vieques,
Una Guía Fotográficamente Ilustrada de la Isla,
Su Historia y Su Cultura"
Errase una vez, cuando los Marines estaban en Vieques
todavía decidieron que los caballos que pastaran en los
terrenos más allá del portón del Campamento
García, estaban invadiendo propiedad del gobierno.
Los caballos fueron rodeados, arrestados, por así decirlo,
y después colocados en un corral con el fin de ser usados
para el placer de la equitación por los oficiales de alto
rango de la Marina.
Un día, durante una visita de los Marines Británicos
al Campamento García, un Sargento Mayor Británico,
al pasar por el corral, preguntó a un Sargento Mayor Americano
acerca de los caballos que se encontraban allí. Pronto
descubrieron que los dos compartían el amor por la equitación
y el Sargento Mayor Americano invitó al Sargento Mayor
Británico a salir a dar un paseo.
Al final de la tarde, los dos Sargentos Mayores ensillaron dos
de los más finos caballos del campo y cabalgaron hacia
Esperanza. Cuando pasaron por el Bar Don Q, en la vía que
entra al pueblo, los dos Sargentos Mayores sufrían de una
fuerte sed y decidieron entrar al bar por unas cuantas copas.
Los dos oficiales amarraron los caballos a un árbol y se
dirigieron al bar, donde se sentaron y muy profesionalmente discutieron
de caballos, equitación y lugares favoritos para cabalgar.
El Sargento Mayor Americano le describió al Británico
cada detalle del camino que los dos hombres tomarían tan
pronto como hubieran saciado su sed. Cuando esto se logró,
se levantaron de sus taburetes y caminaron hacia la calle.
Al mirar hacia el árbol donde habían dejado amarrados
los caballos, lo que vieron fue un par de buenas sillas de montar,
un par de bridas, y un par de frazadas para sillas de montar.
En efecto, allí estaba toda su parafernalia para cabalgar
pero no había caballos. El propietario los había
reconocido y se los había llevado.
La carga que llevaban era muy pesada para caminar de regreso
al campamento. No hubo más remedio que regresar al bar
a darse unos cuantos tragos en lo que llegaba el transporte para
llevarlos a la base. |